Curiosidades

Ras-Al-Gul, la estrella endemoniada

β Persei (Gorgonea Prima), sistema binario eclipsante en la Constelación de Perseo

Por Lourdes Cardenal

Algol, la estrella β Persei, una doble variable eclipsante, en la constelación de Perseo. El ojo en la cabeza de Medusa, moribunda y letal, roja y espléndida, que cuelga exánime del brazo del semidiós que tuvo el valor y la astucia necesarios para poder cortarle esa cabeza, coronada por todas esas sierpes que quisieron morderle. Pero una noche, cada 2,869 días, su belleza se oculta. Su resplandor desaparece sin motivo aparente, para volver a crecer y deslumbrar de nuevo al cabo de esos días. Como una mueca cósmica en el vacío, que nos dedica cada 68 horas y 49 minutos.

Ya los egipcios, en su “Calendario del Cairo”, un papiro de más de 30 siglos de antigüedad, habían registrado este periodo de 2,85 días con exactitud, considerando que representaba a Horus, y que los periodos más oscuros, al igual que las fases lunares, se asociaban con acontecimientos negativos.

Para los griegos, resultaba una excepción dentro de su universo inalterable. Cuenta la Teogonía del historiador griego Hesíodo, que “Forcis, el tritón y su hermana Ceto, la ballena, hijos ambos de Gea y Ponto, tuvieron a las Gorgonas, que viven más allá del ilustre océano, en el confín del mundo, a Esteno, Euríala y a la Medusa desventurada… cuando Perseo le cercenó la cabeza brotó de dentro el caballo Pegaso……que levantó el vuelo, y abandonando la tierra, marchó a la mansión de los Inmortales, donde habita en los palacios de Zeus…”. El griego Hiparco, siglo y medio antes de Cristo, la menciona dos veces. Ptolomeo, en el siglo primero, en su “Almagesto” se refiere a ella, como “la más brillante de las estrellas del grupo de la Gorgona”, lo que sugiere que igual hace veinte siglos, esta estrella brillara mucho más. Ahora es la β Persei, la segunda en brillo, porque la α, es otra, Mirfak.

Perseo, en el “Libro de las estrellas fijas” de Al-Sufí. Fuente: @ WDL, Biblioteca Digital Mundial

Los árabes la llamaron Ras-Al-Gul, la cabeza del demonio. Algol, es pues, la “estrella endemoniada”. Les resultaba demasiado inquietante que su luz se desvaneciera casi tres cuartas partes exactamente cada 3 días. Curiosamente, Al Sufí, el astrónomo persa del siglo X autor del “Libro de las estrellas fijas” describe a Algol como una estrella rojiza. Nadie más antes de él lo había observado. La explicación más probable, teniendo en cuenta la minuciosidad de las descripciones de Al Sufí, es que fuera verdad. Y lo fuera porque la compañera B de Algol, la eclipsante, hace dos mil años aún emitiera suficiente luz como para que quedara registrado en las anotaciones de este persa tan riguroso, y esa luz mortecina fuese roja, característica de una estrella que se estaba enfriando rápidamente.

Montanari, el astrónomo italiano, observó la estrella mucho después, en el siglo XVII. Pero fue el inglés John Goodricke, en 1782, quien describió esta variabilidad dándole una explicación: Algol tenía una compañera que pasaba por delante de ella al orbitar a su alrededor, y cuando esto sucedía, se eclipsaba la mayor parte de su luz, y se producía esa diferencia tan significativa en su brillo.

Concepción artística del sistema binario de Algol

Un siglo después de su muerte, Hermann Vogel estableció, a partir de un estudio espectral, que la hipótesis aventurada de Goodricke era rigurosamente cierta. La estrella beta Persei era un conjunto doble, una estrella luminosa oscurecida periódicamente por una compañera tenue que orbitaba a su alrededor, y a la que llamó “estrella de Goodricke” en su honor.

Algol, en realidad, es un sistema triple situado a 93 años luz de nosotros. Lo forman tres estrellas, dos de las cuales orbitan en un baile acelerado una en torno a la otra. La tercera, presenta una órbita mucho más lejana, necesitando 1,86 años para completar su periodo.

Este es un tipo de estrella variable de carácter extrínseco, que debe esta variación aparente en su luminosidad a un motivo distinto de su producción de luz.

La estrella A, la más masiva y brillante, blanco-azulada, captura en cada órbita y en cada eclipse, materia de Algol B, una subgigante amarillenta y mucho más tenue que va desvaneciéndose. Cada 2,87 días, cuando Algol B, la gigante oscura, eclipsa a su compañera, la luz se extingue más de un 70% durante diez horas. De esta forma, la curva de la luminosidad referida al tiempo, presenta una caída brusca durante los eclipses. Y esto sucede, porque la tierra se encuentra alineada en el plano orbital de estas estrellas.

En el hemisferio boreal, alta en el cielo en la medianoche de invierno, parpadea cambiante, un poco por encima de las Pléyades, Algol, magnífica, suspendida en el firmamento como un enigma milenario, sin dejar indiferente a nadie. Cómo brilla, cambiante, el ojo de la Gorgona en mitad de la noche. Cómo impresiona su fulgor apagado que crecerá después sin poder evitarlo, amenazando con convertir en piedra a los mortales que se atrevan a mirarla.

Constelación de Perseo en el firmamento y situación de Algol. Imagen: Stellarium

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